lunes, 12 de diciembre de 2016

La primera vez.

Desde que soy un niño mis papás me enseñaron a estar siempre del lado del bien. Siempre luchar por lo justo y nunca mirar hacia otro lado.
Crecí defendiendo indefensos, dando el ejemplo de buena disposición y pregonando esta forma.
Me hice grande. A los 17 tuve que mudarme a otra ciudad lejo de mi familia para comenzar mi vida de adulto. Como miembro activo de la sociedad debía aprender a arreglarmelas solo estudiar una carrera y ser proactivo.
Elegí la carrera mas interesante que encontré, pero mis valores de selección estaban basados en mis principios. Yo no debía sólo escoger una buena carrera para mi, si no también, para la sociedad de la que iba a ser parte. Así rechacé muchas carreras en mi lista de opciones: literatura, arte escénico, filosofía, matemática o física, psicología, abogacía,  contaduría, militar, entre otras.
La mayoría de esas carreras competen a engranajes importantes de la sociedad, pero consideré que ninguna representaba una función que cree algo tangible. Algo que uno pueda señalar y adjudicarse su ejecución con orgullo. Todos los resultados son casi tan pasajeros como un suspiro.
Lo mismo pasaba con las carreras relacionadas con la informática. Además,  yo estudiaba un poco de programación a modo de hobbie, así que, consideré que eso sería suficiente.
Finalmente escogí estudiar Bioingeniería.  El siguiente gran paso en el mundo tecnológico. La fusión de los hombres y las máquinas.
Me dejé convencer de empezar con una carrera similar más cerca de mi casa, ya que si quería hacer esa debía mudarme a mas de 1000 km de mi familia. Gran error.
Nunca me mudé o decidí a continuar con esa carrera.
Pero no importa. No me arrepiento. No se trata de eso este relato.